23 de marzo de 2017

VIVAN LOS DIOSES CON PIES DE BARRO

    
      No creo en las personas ejemplares, creo en los actos ejemplares, en las aptitudes ejemplares, en la maravillosa capacidad que tienen algunos seres humanos para crear cosas mágicas. Pero esto no quiere decir que la persona que en un momento determinado tenga una aptitud ejemplar, la posibilidad de inventarse una nueva teoría, o la capacidad de crear arte tenga que ser ejemplar todo el tiempo. Y por supuesto los creadores, de cualquier cosa o tema, no solo no tienen que ser ejemplares sino que la mayoría de las veces no lo son. Esa tendencia que tenemos a mitificar a esas personas que  escriben de una determinada manera o de un tema que nos gusta y que compartimos, que pintan o hacen música, esos que en algún momento de nuestra vida nos han influido en nuestra manera de pensar o de sentir. Si los analizamos, muchos de ellos son unos impresentables o su manera de actuar en algún momento es contraria a lo que predican, tendemos a idealizarlos y a suprimir de nuestro juicio aptitudes o comportamientos que van en contra de nuestros principios ignorándolos o echándole la culpa al que piensa diferente a nosotros como instigador de leyendas negras. Todos ellos son seres humanos por  lo tanto imperfectos y cambiantes, y si os soy sincera doy gracias porque esto sea así.

    Como dijo Assimov en sus memorias “supongo que en los libros aprendí cosas que admití no solo en ese momento sino también retrospectivamente” por lo tanto no sé a quien colgarle exactamente una determinada idea o pensamiento, por lo tanto  no tengo un modelo o alguien que me haya marcado especialmente, tengo cientos, no exagero un pelo. Empecé a confeccionar una lista y en un ratito tenía 125 nombres de personas, obras, publicaciones, personajes de ficción, etc. En esa lista si eran todos los que estaban pero no estaban todos los que eran.



    Y para muestra un botón. Bueno, no creo que botón sea el término más adecuado para hablar del genial, enorme, y majestuoso genio de la guitarra Chuck Berry. Charles Edward Anderson Berry murió el pasado 18 de Marzo a los noventa años de edad. Es curioso que casi todos los artículos publicados empezaran de la misma manera “Quien lo iba a decir Chuck Berry alcanzó los noventa años”. No murió por los excesos. La vida de Chuck Berry fue de todo menos ejemplar, no me voy a poner a enumerar sus diversas salidas de madre, tanto delictivas como de cualquier tipo que se os ocurra, cubre todo el espectro. De lo que se trata es que era un genio de la guitarra y de la música.

     En el museo de la fama del rock and roll en Estados Unidos refiriéndose al rock dicen “Si bien no se puede decir que alguna persona inventó el rock and roll, Chuck Berry es el que más se aproxima de entre cualquier individuo a ser el que puso todas las piezas”. Bill Wyman explica que resulta imposible señalar quién inventó el rock and roll, pero que no hay duda de que Berry invento “la idea del rock and roll” y John Lennon llegó a decir que “si el nombre, rock and roll, hubiera que cambiarlo debería llamarse Chuck Berry”. Entonces ¿Por qué en el mundo de la música no se le catalogó de “rey del rock” y sí a Elvis Presley? Elvis era blanco, ¿Qué parte de la población tenia poder adquisitivo? Los blancos. En la sociedad puritana y dividida racialmente de hace más de medio siglo ese sonido enérgico moderno e imparable, sonaba como si viniese de otro planeta, además era negro, expresidiario y deseado por adolescentes blancas, eso era suficiente para ser considerado el enemigo número 1 del país. En 1958, cuando su fama ya era considerable, fundó en San Luis el Club Bandstand, que permitía la entrada de clientes sin hacer distinción en su raza y fomentando el baile entre negros y blancos. En aquella época eso si era rebeldía. Chuck Berry no solo escribió la mayoría de sus canciones, sino que sus textos tenían sustancia, fue el maestro de todos los grandes del rock and roll, que literalmente le idolatraban. Angus Young  de AC/DC, reproduce en cada concierto el famoso paso del pato que se invento Berry.
      Keith Richards, uno de sus mayores admiradores, produjo un maravilloso documental-concierto llamado “Hail! Hail! Rock and roll” (os lo recomiendo muy encarecidamente). En este trabajo Keith puso toda la energía e ilusión del mundo, pero le costó sangre, sudor y lagrimas conseguir controlar al señor Berry que en un montón de ocasiones se puso en plan divo pejiguero. Nunca me imaginé que iba a ver a Keith Richards conteniéndose de esa manera, en plan serio y al mismo tiempo con cara de querer asesinar a alguien (concretamente a Chuck Berry), pero el resultado es espectacular.



    En 1977 la NASA,lanzó la Voyager. Carl Sagan fue el encargado de llenar la nave con material cultural relevante que pudiera dar a los extraterrestres una idea de cómo era la vida de los seres humanos en la Tierra. Registrados en un disco de oro se encuentran sonidos de lo más variopinto incluido “Johnny B. Goode” de Chuck Berry.

     Creo que ha quedado claro que a mí este señor me encanta, y que con él aprendí un montón de cosas sobre la música, la buena música. Porque yo soy de las que piensan que solo existen dos tipos de música, la buena y la otra.

    Y por si alguien quiere entretenerse un rato ahí van sin ningún orden ni concierto los 125.

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  • Crosby, Stills, Nash & Young (y cada uno por su lado también)
    ¿Ya voy por 128?  no sigo pero quedan un montón, y no te cuento ya los negativos.


     

     

     


 

     

       

      

   


     

4 comentarios:

  1. Hay que leer este post escuchando a Chuck Berry de fondo y se junta una genialidad con la otra.

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  2. Quiero sumarme especialmente a uno de los temas que planteas:
    Aunque aparentemente vivimos en una sociedad que valora el logro personal, los motivos reales que llevan a alguien al éxito o al fracaso pasan más por factores discriminatorios tal como el género, origen étnico, afiliación religiosa… que por el valor social que se le da al mérito personal. En el caso de Chuck Berry, esa capacidad creativa tan bestial ha quedado deslucida por el rostro pálido de Elvis Presley (con todos mis respetos por él). Lo más indignante es esa apariencia igualitaria que se pretende dar al éxito, donde cualquiera puede ser “un gigante” si lo vale (de la música, de la ciencia, de la pintura etc.), pero que en realidad es una pantalla para tapar los mecanismos de dominación y para que nada se mueva: los pobres siguen siendo pobres y el éxito sigue siendo propiedad de los blancos varones.
    Pero de lo otro que quiero hablar es de la felicidad que nos ha dado y nos da la capacidad creadora de nuestra especie: es una fuente continua de satisfacción. Un maravilloso regalo. Un placer insustituible.
    Patricia, me ha gustado mucho tu artículo.

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  3. Es cierto que el éxito esta supeditado a factores discriminatorios,eso era así en los años 50 y lo sigue siendo en la actualidad,pero no solo a eso. En la actualidad lo que vale es el marketing, saber venderse esta por encima de los logros personales, si eres un rarito da igual lo genial que seas que siempre habrá un listo que se aproveche, ademas esto no es nuevo. Que se lo pregunten a Nikola tesla que como buen genio era mas raro que un perro verde. A gran genio, gran listillo, le toco Thomas Alva Edison el rey de los listillos, el mayor chorizo de patentes que yo conozca.
    Lo único que me consuela, es que parece que al final las obras de los grandes creadores, a todos los niveles, se abre paso.

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