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19 de enero de 2017

REALITIS AL PODER



     Es la peor desgracia que le podía ocurrir a este planeta (sí, a todo el planeta), porque  yo soy de las que opinan que en la elección del presidente de los Estados Unidos deberían consultarnos a todos. Yo como toda hija de vecina me parto el eje o me indigno alternativamente con las chorradas de este personaje (sí, personaje porque eso es lo que es un puñetero personaje) al  que le han dado el sillón de poder más importante del planeta.
     A  nadie le chirría que lo popular en el país más poderoso del planeta sea el acoso sexual, el racismo, la intolerancia, el pisarle la cabeza al prójimo, el todo vale para ganar pasta, etc. Yo sencillamente no me lo creo. Pienso que el cabreo generalizado de la población de todo el planeta hacia los políticos hace que en cada casa se rebelen como buenamente puedan. Estados Unidos es tradicionalmente un país conservador en lo que a tendencias políticas se refiere, y de repente aparece este personaje grosero y soez, que parece enfrentarse a todo el mundo, poniendo en solfa todo el sistema político de su país.
     Ni el mismo se creía que fuera a salir elegido Presidente, de ahí que no tenga ninguna política real que aplicar, va improvisando sobre la marcha, su enorme desconocimiento sobre política internacional, economía (sí economía, porque este tipo es millonario a base de Realitis), hace que me ponga a temblar pensando en las medidas internacionales que pretende llevar a cabo, con las que lo único que va a conseguir es llevar a su país a la ruina, lo cual nos arrastrará a todos detrás.
     Así que vamos a esperar que impere el sentido común y las instituciones estadounidenses paren las majaderías de este energúmeno, que bastante mala es ya la situación como para que nos venga ahora este personaje a fastidiarlo más.  

      


El pato y Donald


                   
Como todos sabemos Donald era un pato de la época del blanco y negro, por alguna misteriosa razón o quizás por ser asexuado, carecía de prole pero la moral de su creador le fabrico tres sobrinos para darle al relato una visión familiar, también tenía una pareja, evidentemente asexuada como él, que portaba en el rostro ese rictus de anorgásmica que se ha empotrado, desde los tiempos de los tiempos, en el rostro de nuestra última catedrática en fobias urbanas.

Make America great again es la apología de aquella América omnipotente y omnipresente, y Trump es, como cualquier infección epidérmica, la parte amarilla del grano, la parte visible, volviendo a poner en el escenario al nazionalismo, apelando a lo más rancio de la condición humana, la ignorancia.

Ganar las elecciones, en parte, gracias al manoseo del Big Data por parte de los muchachos de Vladimir augura un entendimiento entre las dos súper potencias armamentísticas, la gran pregunta es cuándo las armas del mundo están en manos de dos psicóticos: ¿Dónde esconderse? No hay donde esconderse cuando dos desequilibrados gestionan sus disensos fálicos acariciando el botón nuclear.

Donald se propone impulsar la industria armamentística americana como nunca antes, el principal propósito de la fabricación de armas es venderlas, y para ello son necesarias guerras.

Vladimir y Donald, además del escenario internacional, también tienen algunos planes de política interna relativos a colectivos que están en la mira de un arma muy particular, el poder.

 Los exabruptos de Donald deben ser tomados muy en serio, es un juguete en manos de si mismo, Vladimir brilla por lo siniestro, hoy han publicado los medios de comunicación que en Rusia ya no es delito pegar a una mujer, siempre y cuando no sea más de una vez al año, mueren en aquel país, por violencia de género, 17.000 mujeres al año.
Un millonario es básicamente un delincuente ético al acumular su fortuna hurtando a sus trabajadores el valor agregado que produce la plusvalía, y ya sabemos la metamorfosis que produce el ansia de capital, cabe preguntarse qué pensaría Isidoro del mayordomo de Carlos Slim al verlo masajear la dermis del anciano con crema hidratante.

Ese tal Trump, a quien nadie esperaba ya está entre nosotros, aviso a navegantes y sálvese quien pueda, por mi parte solo estas palabras: fuck you mister president.

                                                            Durruti