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16 de marzo de 2017

Educación

Se sabe que en la sociedad  machista y patriarcal. Siempre  se ha dicho que las personas que no tenía n su forma de pensar o efectos sexuales  no son normales.
Por lo tanto son delitos de odio y discriminación por parte de una parte de la sociedad que lo/as rehúye, parecer que no se determinan sexualmente o les da yuyu por el que dirán. Ni que importa el qué dirán.
Por la influencia tanto familiar como por el qué dirán los demás, se callan y miran para otro lado y  no se dan cuenta que no es una enfermedad sino una cuestión hormonal por lo tanto genética.
Que se podría decir a los demás en educación, por ejemplo  en las escuelas, se discrimina por razón de sexo apartando a las personas que para ellos no son normales, por lo tanto promocionan la homofobia.
Delitos de odio como violaciones, asesinatos o suicidios por la discriminación social e indigencia por el rechazo familiar y la falta de oportunidades educativas y laborales.
Según las encuestas estos mismos son los que cumplen argumentos para que otras personas degeneren y aumenten su violencia, claro está machista, empezando por las escuelas, la religión y posterior la sociedad. Eso es violencia de género.
Es común que las mujeres trans  sean  detenidas o interrogadas cuando usan baños públicos por mujeres. Es un género visible y a la vez invisible.
Los médicos normalmente no dan solución al problema, solo dicen que es una malformación de genética.
Exclusión  en la vida laboral para las personas trans , en el momento que se enteran tanto el patrón como los empleados les dan la espalda y eso es una humillación.

La transfobia es el rechazo que experimenta una persona ante otra persona transexual. La transfobia puede llevar al individuo a experimentar sentimientos de odio.


TRANSFOBIA Y PSICOSIS


Sostiene Freud, en Psicopatología de la vida cotidiana, que las fobias ocultan sus raíces en lo más profundo del sujeto, el inconsciente, el sujeto deviene entonces una víctima de su discurso ya que cuando un rasgo se vuelve sintomático deja de ser un rasgo propio para actuar como síntoma, de ahí la percepción psicopática de la realidad.
Podemos decir entonces que cuando se manifiesta una fobia,  y se sostiene como realidad moral, el sujeto es asaltado por su propia ignorancia aunque la manifieste como una verdad, es víctima de sus propios  desórdenes.
Estos días hemos visto en todos los medios y por algunas calles de Madrid unos vehículos color naranja lanzando mensajes mediocres y peligrosos por su intolerancia y manipulación; en las primeras décadas del siglo pasado apareció en la historia un energúmeno desequilibrado, con un claro declive hacia el onanismo compulsivo, en pos de la raza pura, los arios.
Estos delirios, encubridores de otros delirios menos confesables aún, nos hablan de sujetos desconstruidos  por sus fantasmas más íntimos, la esvástica disimulada bajo el eslogan, en los autobuses,  nos habla de ellos en un lenguaje demoledor para sus subterfugios lingüísticos. Porque las palabras tienen sus recovecos propios, su propia significancia, no resulta complicado descubrir el grado de deterioro mental al que conduce el fanatismo y la intolerancia.
Lo que resulta muy curioso es ver como el estado sostiene ideológicamente y económicamente tales patologías, con lo cual podríamos sacar del cajón de los recuerdos literarios aquella frase de Emile Zola: acuso al estado.

Acuso al estado español de atentar contra las libertades esenciales. Como todo el mundo aprendí de pequeño en la escuela que algunas palabras se inician con mayúsculas, de más grande  aprendí en la vida que algunas palabras no equivalen a ese respeto, hazte oír ante ellas. 

Durruti