El Fondo
Monetario Internacional publicó la semana pasada su ya habitual informe
sobre la economía española. Un informe anual rutinario que el FMI hace para todos los países miembros y redactado por los
economistas del FMI encargados del seguimiento del país objeto del informe,
tras visitarlo. Un informe
consultivo cuyas recomendaciones no son nada más que eso, recomendaciones.
No son condiciones, ni obligaciones, que esto les quede claro a los que
gobiernan o puedan gobernar en el futuro, por si acaso alguien se llama a
engaño y decide hacer lo que los españoles no queremos bajo ningún concepto.
Aclarado
este aspecto del informe, que creo muy importante, es de rigor reconocer que el
informe de marras nos da una de cal y
otra de arena, algo así como eso de “tengo dos noticias, una buena y una mala ¿Cuál
quieres escuchar primero?”. Pues bien, por un lado el FMI reconoce que la economía española ha mejorado
y lo sigue haciendo aunque lentamente, pero por otro lado, aquí viene la mala
noticia, advierte que existen dos aspectos de nuestra economía que sería
conveniente revisar: el elevado índice de paro y la creciente
deuda pública. España necesita
que su economía
crezca a ritmos más elevados que los actuales, acelerando así su recuperación.
